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LA METEOROLOGÍA EN LA BIBLIA. III

Monte Tabor, Israel.

El relato  bíblico se desarrolla en la región de Oriente Próximo. Algunos escenarios se citan explícitamente como el río Jordán, el mar Rojo, los montes de Seir, el monte Sinaí o el monte Tabor, mientras que otros lugares como el mar Salado o el mar de Cineret se identifican con el actual mar Muerto y el mar de Galilea. En otros casos el texto bíblico no especifica el lugar topográfico exacto, como en el episodio de la “Transfiguración”, en el que Jesús adquiere una aspecto radiante sobrenatural delante de varios apóstoles. La escena transcurre en un “monte”, que los creyentes identifican con el monte Tabor.

Probablemente el pintor veneciano Giovanni Bellini no estuvo nunca en Galilea, por ello tal vez representó una cadena montañosa en vez de la singular silueta fácilmente reconocible del Monte Tabor.

 La transfiguración. Giovanni Bellini. 1480.

Como hemos visto en el capítulo anterior, también se relatan viajes marítimos con escalas en puertos del Mediterráneo oriental y central, con referencias geográficas muy precisas.

El Antiguo Testamento comienza con la creación del Mundo (Génesis), que según los tradición judeocristiana ocurrió en torno al año 4000 a.C. Existe cierto consenso entre los historiadores para ubicar temporalmente otros hechos señalados, como la huida de Egipto del pueblo israelita (Éxodo), en el periodo entre 1400 a.C. y 1000 a.C.  En el Nuevo Testamento, la cronología es más evidente al tomarse como referencia de la era cristiana, el nacimiento de Jesús de Nazaret (Anno Domini-A.D) hace 2020 años.

EL CLIMA EN EL PERIODO BÍBLICO

El último periodo glacial finalizó hace unos 12 000 años, dando comienzo el periodo geológico conocido como Holoceno. Desde entonces, se produjo un progresivo calentamiento global y condiciones más húmedas hasta hace unos 5000 años, en que comenzó un enfriamiento también de forma progresiva, con un mínimo en la conocida como Pequeña Edad del Hielo (1450-1850 d.C.). Desde entonces hasta nuestros días el aumento de temperatura ha sido extraordinario debido a la acción antropogénica casi con total seguridad.

En el ámbito temporal de nuestro estudio, en el Holoceno se señalan tres eventos climáticos (RCC -Rapid Climate Change), en torno a 6200 a.C., 2200 a.C. y 1200 a.C., que dieron lugar a cambios relativamente bruscos del clima hacia condiciones más frías y secas, en especial el último, a las que tuvieron que adaptarse las civilizaciones mediterráneas.

  Anomalías de temperatura en los últimos 11300 años comparadas con la media histórica del periodo 1961-1990. La línea morada muestra la anomalía anual, y la banda azul la incertidumbre estadística (una desviación standard). La línea gris muestra la temperatura del análisis correspondiente a los últimos 1500 años.

Dentro de este entorno global, los estudios paleoclimáticos restringidos al área mediterránea nos aportan datos muy interesantes que nos sirven para poder intuir el clima pasado. Obviamente las reconstrucciones climáticas no tienen la suficiente resolución espacial y temporal, y los diferentes estudios tampoco coinciden siempre en sus resultados.

Numerosos estudios se han realizado en la región de Oriente Próximo. Martin Finné (2014) recopila esta información y reconstruye una serie que muestra el carácter pluviométrico de los últimos 6000 años (ver gráfico). En el periodo entre 4000 y 2600 a.C. las condiciones climáticas fueron más húmedas que la media, evolucionando a condiciones menos húmedas sobre todo a partir de 3400 a. C. (periodo en el que se incluye el relato del Génesis).  A partir de 2600 a.C. y hasta 600 A.D, (periodo en el que se incluye el Éxodo), el clima fue más seco que la media, aumentando la aridez en el Mediterráneo oriental, aunque con algunos periodos más húmedos. Precisamente en la región del Peloponeso se destaca un periodo húmedo entre aproximadamente los años 340 a.C. y 40 a.C.(periodo que incluye el Nuevo Testamento).

Este último periodo húmedo es corroborado por estudios realizados sobre sedimentos en el mar Muerto, el análisis de los registros de las crecidas del Nilo (con excelentes cosechas de cereal en Egipto), que junto a las referencias del diario meteorológico del célebre egipcio Ptolomeo, parecen indicar que ese periodo húmedo se extendió aún más  abarcando los siglos siglos I y II a.D. (McCormick et al.,2012),

En cuanto al nivel del mar, en la costa de Israel era entre 3 y 4,5 m más bajo que el actual hace 6000 años, subiendo progresivamente hasta alcanzar valores similares a los actuales hace  unos 3000-2000 años. (Sivana et al.,2001).

 

Fuente: Climate in the eastern Mediterranean during the Holocene and beyond– A Peloponnesian perspective. Martin Finné. 2014. Department of Physical Geography and Quaternary Geology Stockholm University

Citando los estudios de Lamb (1997), en torno al siglo V a.C. el régimen climático en el Mediterráneo era probablemente más frío y más lluvioso en invierno que el actual, permitiendo obtener grandes cosechas y la formación de grandes oasis en los desiertos, aunque también eran frecuentes periodos de grandes sequías. En torno al año 300 a.C. existían hayedos en Roma (clima húmedo y frío), incluso llegó a nevar en Roma durante varios días, helándose el río Tiber. Ya en el siglo I A.D. volvieron a subir las temperaturas, un calentamiento y una menor pluviosidad que persistió al menos hasta el siglo IV A.D. en el área mediterránea.

Tomando como referencia el clima del periodo 1961-1990 en cuanto a temperatura y los 6000 años anteriores al actual en cuanto a precipitación, podríamos decir en líneas generales  y con mucha cautela, que hace unos 6000 años (Génesis) el clima era más húmedo y notablemente más cálido,  hace unos 1400 años (comienzo del Éxodo) más seco y ligeramente más cálido, y hace 2000 (Nuevo Testamento),  más húmedo y ligeramente más frío.

Por tanto, si nos centramos en periodo que abarca la vida de Jesús (0-33 A.D.), el clima no sería muy diferente del actual, lo cual resulta consistente con los estudios sobre el nivel del mar Mediterráneo en Israel, que estiman un nivel similar al de nuestros días. De hecho algunos autores (Rossignol,1993), consideran que los cambios en la vegetación en el norte de Israel se deben más a la acción del hombre que a cambios en las condiciones de temperatura y precipitación.

Más adelante nos ocuparemos de las referencias a la vegetación, las sequías y a la precipitación que aparecen en el relato bíblico.

EL CLIMA ACTUAL

El clima actual de estas regiones es muy variado, condicionado fundamentalmente por la orografía y la proximidad o lejanía al mar Mediterráneo. La presencia de barreras montañosas orientadas de norte a sur en el Mediterráneo oriental, cuyos máximos exponentes son la cordillera del Líbano y del Antilíbano, separan la franja costera con clima mediterráneo del clima árido de los desiertos de Siria y Jordania.

De acuerdo a la clasificación de Köppen-Geiger, y siguiendo una línea de oeste a este, en la franja costera la influencia mediterránea determina climas templados con veranos secos y calurosos, siendo los inviernos templados con lluvias (clima Csa) como podemos observar en el climograma de Tel Aviv (Israel). En las estribaciones montañosas del litoral  el efecto orográfico hace que aumenten las precipitaciones, y los veranos son más suaves por efecto de la altitud, predominando los climas Csb (templado con verano seco y templado). Hacia el interior, ya sin influencia marítima, las precipitaciones decrecen notablemente. Se observa un clima semiárido cálido (BSh) en las zonas más deprimidas y semiárido frío (BSk) en las mesetas y estribaciones montañosas. Más hacia el interior la precipitación es casi nula, con climas desérticos fríos (BWk) en las zonas más altas y desérticos cálidos (BWh) en las llanuras y mesetas más bajas (ver climograma de Aqaba, Jordania). En Egipto y Arabia Saudita el clima es desértico cálido.

 Clasificación climática de Köppen-Geiger. http://koeppen-geiger.vu-wien.ac.at/present.htm Kottek, M., J. Grieser, C. Beck, B. Rudolf, and F. Rubel, 2006: World Map of the Köppen-Geiger climate classification updated. Meteorol. Z., 15, 259-263. DOI: 10.1127/0941-2948/2006/0130.  Meteogramas de Tel Aviv y Aqaba. Fuente: worldweather.wmo.int

En cuanto al régimen de precipitaciones, fundamental para el desarrollo de la vegetación, en líneas generales oscila entre 500 y 1000 mm en la franja litoral (condicionada por la orografía y frecuentemente en forma de nieve en las zonas más elevadas en invierno), entre 100 y 500 mm en las zonas semiáridas del interior e inferior a 100 mm e incluso 50 mm en las amplias zonas desérticas de Egipto y los desiertos del interior.

Las precipitaciones se producen fundamentalmente en invierno, siendo prácticamente nulas en verano. En el climograma de Tel Aviv se aprecia que el periodo lluvioso abarca desde octubre a abril. Siendo enero, diciembre y febrero en ese orden los más lluviosos (más de 100 mm y más de 10 días de lluvia mensuales).

Las precipitaciones de la temporada lluviosa se deben fundamentalmente a la llegada de borrascas mediterráneas, teniendo en cuenta la frecuencia de ciclones mediterráneos en invierno en el área de Chipre ya señalada en el capítulo II. La intensidad y trayectoria de los ciclones determinan la intensidad y zonificación de las precipitaciones. Sin embargo, existe también otro patrón sinóptico muy frecuente, que aunque no siempre origina precipitaciones, éstas pueden ser muy intensas.  Se trata de la “vaguada del mar Rojo”, que se extiende como área de baja presión hacia el norte, afectando al Mediterráneo oriental.  Su origen se debe a la extensión hacia el norte de la baja monzónica de Sudán, y suele ocurrir en otoño y primavera, con tiempo seco y cálido sobre el Mediterráneo oriental. Sin embargo, en ocasiones, dependiendo de la ubicación y características de la vaguada en altura que se extiende hacia el sur sobre el Mediterráneo, se produce un forzamiento dinámico y precipitaciones convectivas localmente intensas en Israel (Tsvieli y Zangvil, 2007). Durante el verano, la franja costera del Mediterráneo oriental se encuentra bajo la influencia de la alta subtropical, cuya subsidencia inhibe la convección (Ben Ami et al., 2015).

En la bibliografía consultada se destacan varias fuentes de variabilidad estacional e interdecadal del clima en el Mediterráneo oriental,  como la NAO (North Atlantic Oscillation), que da lugar a inviernos más secos en la fase positiva. En cuanto al ENSO, parece que en episodios de la Niña la precipitación es superior a la normal. También existen otras fuentes de variabilidad como la Oscilación Mediterránea (OM) y el Índice del patrón Mar del Norte-Mar Caspio (NCPI). El sistema de presión monzónico de la India también parece que influye en la precipitación en el valle del Nilo.